Mejores prácticas para el diseño residencial

Toda obra arquitectónica pasa por dos puntos esenciales: el dar una respuesta técnica a un contexto concreto y el buscar una estética a través de la obra construida. En el caso de la arquitectura residencial no es la excepción. ¿Cómo debería arquitecto congeniar estos dos elementos?

El resolver estos dos puntos es la esencia de ser arquitecto. La formación da la capacidad de responder técnicamente a solicitudes y necesidades de cada cliente. El arquitecto tiene que interpretar no sólo la parte técnica emanada de los requerimientos del lugar donde se va a construir la obra, sino también el modo de vida que tienen los clientes y cómo van a vivir ese proyecto, sea éste un residencial colectivo, o un condominio, o residencias en altura.

Ana Gretel Molina, directora ejecutiva del Colegio de Arquitectos de Costa Rica, nos compartió el abecé de las mejores prácticas a la hora de diseñar un proyecto residencial.

¿Cómo debería un cliente buscar ese arquitecto con el que hará clic? ¿Qué debe preguntarse, qué debe reconocer, qué debe buscar?
Lo primero que un cliente debe entender es que va a hacer una inversión de vida. El primer consejo que da la institución es que verifique que los profesionales que va a contratar están debidamente inscritos y que no tengan ningún problema legal en su ejercicio. Esa información es dada por el mismo Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos (CFIA), que reúne los cinco colegios del área de la construcción. En segundo lugar, no debe desestimar todos aquellos estudios preliminares que el colegio recomienda, como el uso de suelos, captación de aguas, etcétera. Antes de comprar un lote, debe pedir a un profesional que haga las consultas de si esa propiedad tiene los permisos mínimos que le permitan construir su residencia.

También es importante que el cliente esté seguro de lo que se quiere; debe tener claras cuáles son sus necesidades de vida pues las opciones de diseño dependerán de esa claridad. Un tercer consejo es tener claro a cuánto asciende la inversión que el cliente puede hacer. Con ese monto claro, el profesional lo guiará diciéndole cuántos metros cuadrados podrá construir. Además, el cliente debe pedirle al arquitecto los datos de todo el proceso de gestión: uno a uno todos los pasos del proceso para que siempre esté enterado de qué sigue y qué falta. Antes de iniciar el trabajo, el cliente debe hacer una sesión larga con el profesional en la que éste le explique los alcances de cada etapa del proyecto.

Y finalmente, es importante que siempre medie un contrato entre ambos: cliente y profesional. El cliente y el arquitecto deben firmar el contrato creado por el CFIA en el que se estipulan las tarifas. Un cliente no debería desconocer los montos que se pagan al profesional. Además, ante alguna duda, el colegio puede ser consultado en cualquier momento.


El profesional tiene que responder a una plasticidad, ciertamente, pero también a los aspectos técnicos emanados del entorno en el que se ubica la obra.

Algunos clientes llegan y dan “carta libre” a su arquitecto desde el día uno. Si bien eso tiene ventajas, también podría causar inconvenientes. Teniendo en cuenta que una casa pasa a ser parte de la identidad de quienes la habitan, ¿en qué términos debería ser ese diálogo cliente-arquitecto?

La comunicación debe estar presente en todo. El cliente debe dejarse orientar. Se debe diseñar para el cliente; no imponer. Es como un sastre cuando te hace un traje; el diseño tiene que ser a la medida. El arquitecto tiene que pensar en quién va a habitar el espacio y las particularidades de cada cliente. Hay conceptos que se van a aplicar siempre, que son más de función que de forma, como la ventilación, la iluminación, el confort, la antropometría, etcétera. Pero las particularidades de cada persona siempre tienen que estar presentes conceptualmente en el diseño. El espacio traduce las inquietudes del cliente a espacios concretos. También hay condicionantes geográficos, tectónicos, de vecindad, acústicas. Todos estos factores entran en juego. Por eso es importante que el cliente contrate un profesional que vea el proyecto de forma integral.

Ya en la obra constructiva hay normativas de atención al cliente en horarios mínimos. Un vez a la semana o cada diez días el profesional tiene que estar de visita en la obra y hacer un reporte, llenar la bitácora, etcétera. Eso es lo mínimo. Pero a veces hay momentos en los que ve al cliente casi que a diario. Lo importante es que todo el proceso, desde dibujos preliminares, pasando por el anteproyecto,  hasta la construcción de la obra, la comunicación sea permanente. Hoy en día tenemos herramientas importantísimas para mantener esa comunicación, como por ejemplo la bitácora digital. La comunicación entre cliente y arquitecto es vital.


El profesional en arquitectura tiene que ser lo suficientemente capaz de tomar las necesidades de los clientes y traducirlas técnicamente, con una respuesta funcional y formal. Por supuesto que pone su propio sello: hay lenguajes arquitectónicos que son también esenciales.

El arquitecto debe conocer no sólo las normas internacionales, sino también las nacionales, reguladas por el Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos. El CFIA garantiza a los clientes que ese profesional colegiado es una persona que tiene el permiso de ejercer la arquitectura en el país.

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